Archivo de Septiembre 2008

Es tan duro el trabajo como lo pintan?

30 Septiembre, 2008

Desde siempre el hombre ha tenido que trabajar para sobrevivir.

Ya en la prehistoria, antes de la sedentarización (Paleolítico), el hombre tenía que buscar caza y recolectar frutos para sobrevivir, estas actividades ocuparían gran parte de su tiempo diario, pero con casi total seguridad, el tiempo que emplearía en estas actividades no superaría al tiempo diario de luz. Cuando la especie humana se hizo sedentaria y empezó a criar ganado y cultivar la tierra, tuvo que dedicar su tiempo a trabajar en los campos y cuidar del ganado, también a fabricar útiles y herramientas, seguramente cuando el sol se había puesto y no permitía más que trabajar al lado del fuego de la casa. A partir de la formación de las sociedades complejas apareció una serie de gente que se aprovechaba del trabajo de los demás y no tenía que esforzarse demasiado para lograr la subsistencia.

En la sociedad actual “más evolucionada” el trabajo sigue siendo una parte muy importante de la vida, pero ahora no sólo nos permite cubrir las necesidades básicas, nos hemos creado toda una serie de necesidades que obligan a trabajar. En estas sociedades la tendencia debiera ser hacia la vida contemplativa, pero no es así.

De todos modos existe alguna gente que tiene que trabajar, pero ésto no le supone un trauma demasiado fuerte porque disfruta con su trabajo. Puede que estemos en un error, pero poner el corazón en un trabajo nos puede hacer alcanzar cotas importantes de felicidad.

La situación ideal sería, después de un interesante día de trabajo, llegar a casa a la vez que tú y compartir el resto del día y la noche a tu lado, sin que los altos niveles de felicidad se vean mermados ni una décima.

Ése es el estado ideal, trabajando, sí, pero teniéndote a mi lado.

¡Cómo canta Chavela!

14 Septiembre, 2008

Suena Chavela Vargas en mi iPod con “Llegando a ti” y me siento abocada a escribir en este blog.

Te echo de menos. Echo de menos esas tardes de sofá contigo leyéndome un cuento, o viendo una peli mientras no dejamos de acariciarnos, o fumarme un porro contigo mientras suena algo de música. Echo de menos que escribas sobre tus silencios y los compartas conmigo.

Llevo varios días invadida por una fuerte melancolía, la de compartir contigo. Sin prisas, sin tener nada más que hacer que compartir y llegar más y más dentro de ti. Seguir aprendiendo y disfrutando de los nuevos “tús” que se formen. Seguir sumando con mis nuevos “yos”.

A veces, la melancolía me juega malas pasadas y me siento asustada, pero entonces recuerdo que esto empezó como un amor irreverente, casi adolescente, sin miedos. Y me doy cuenta de que sólo así puede ser lo que es.

Los viajes se viven

13 Septiembre, 2008

La verdadera esencia de los viajes debe ser que éstos, cuando terminan, han conseguido cambiar algo de ti, casi siempre para mejor.

El hacer un viaje es buscar conocer nueva gente, nuevos sitios, nuevas realidades y formas de entender la vida para, cuando se vuelve, sentirse más pleno y ser un poco más libre, más abierto de miras y más tolerante.

Conozco a mucha gente que viaja por demostrar tanto a los demás como a sí mismos que son cosmopolitas y aventureros, pero que no logran realmente sacar todo el partido al desplazamiento que hacen, viajan para tener algo que contar después en el trabajo o a los amigos que estén dispuestos a escuchar. Hay gente que sólo vive el viaje viendo después las fotos o el vídeo en el salón de casa y es entones cuando se dan cuenta de que realmente han viajado.

Desde hace tiempo me he planteado viajar solo, así es posible conectar más con el destino, pero he descubierto que, con la persona adecuada, el viaje te hace conectar más con el destino y pasas el tiempo compartiendo puntos de vista enriquecedores que de haber ido solo te habrías perdido.

Por eso en los viajes, como en todo, la compañía de la persona perfecta es enriquecedora y, cuando lo has probado, absolutamente necesaria para el futuro.

09.09.2008. Darwin demuestra los beneficios del amor terciopelo.

9 Septiembre, 2008

Otra de las características más notorias del terciopelo consiste en lo siguiente: Aquellos que caigan rendidos al amor habiendo compartido el secreto del terciopelo gozarán de una felicidad y belleza jamás soñada.

Tal conclusión es la que han alcanzado 2 científicos en la materia durante un experimento realizado en el fin del mundo.

Siguiendo los pasos del célebre científico, Charles Darwin, emprendieron viaje a la Patagonia Argentina. Por supuesto, se desplazaron antes a una zona más tropical para poder establecer comparaciones en la muestra recogida. Et voilà! Las muestras pixelianas recopiladas durante la expedición confirman visualmente que bajo los efectos de ese amor especial se irradia una belleza sin precedentes. Una belleza que muestra que el amor es más beneficioso que cualquier inyección de botox o 10 sesiones de rayos uva.

En declaraciones al diario El País, la integrante femenina del equipo hizo la siguiente declaración: “Jamás me había sentido más bella por dentro y por fuera que desde que le conocí. Y a él le sucede exactamente lo mismo.”